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Regresando de una nevada Nueva York, una metrópolis tan hermosa como imposible, recuperamos inmediatamente la sensación de bienestar en ser hijas del Mediterráneo: su clima, sus colores y sus incomparables y generosos frutos.
Los limoneros en el jardín de nuestra nueva casita cerca del mar, nos devolvieron a una dimensión más familiar y nos dieron muchas ganas de volver al trabajo. Así que los limones, recogidos con nuestras manos y llevados al taller artesanal de Av. Capuchinos 13, se han convertido en un sabor de helado atemporal. Bueno, buenísimo, incluso en invierno. Clásico y ligero, el helado de limón es mucho menos calórico que un bocadillo y ayuda a recuperar el buen humor incluso en los días grises o lluviosos, típicos de esta temporada. O en forma de sorbete, al final de la comida, es un excelente digestivo natural. Un sabor, el de limón, que nunca pasa de moda, incluso en invierno.
Para celebrar el helado de limón, os proponemos esta estupenda canción de Paolo Conte “Un gelato al limon

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